En más de una ocasión os he hablado de mis compañeros de rehabilitación (la pandilla de tullidos que después de compartir dos horas al día, durante unos cuantos meses, ya los considero amigos). Coincidimos los 8 (vamos a llamarlos por sus iniciales A, L, P, E, J, T y R; bueno, no, a R vamos a llamarle Richard mejor) a las mismas horas y, vale que sufrimos porque si estamos allí es por algo, pero el dolor físico se olvida cuando entre los chistes de uno y los comentarios de otro lloramos de la risa. La fisioterapeuta que nos trata (vamos a llamarle N) es muy buena, y a los hechos me remito (sólo hay que ver cómo entramos y cómo estamos ahora) y el estudiante en prácticas que la acompaña, también (a él vamos a llamarle D).
Esta mañana, a las 12:40 h. ha sonado la alarma de incendios y una luz roja ha comenzado a destellar en la pared como una cosa loca. "¡Simulacro de incendio!" ha gritado N mientras entraba en la cabina de T para quitarle el "chupón" (así bautizó L al ultrasonidos) y dejar que se vistiera. "Tú, D, tienes que simular el fuego. Vas a ser las llamas, o sea que muévete hacia nosotros como si nos intentaras quemar" le ha dicho N al pobre chico. "Esto ye una broma, ¿no? Me estás vacilando" (a ver si adivináis de dónde es D. ¡Exacto! es un asturianín muy majete). El caso es que mientras A, se quitaba las poleas (con la ayuda de D, que aún no quemaba jajaja); L, se despegaba los electrodos y buscaba sus pantalones a la pata coja, porque a ella el incendio la pilló en bragas literalmente hablando; E y J, sacaban los brazos de la cubitera y la lavadora (así es como bauticé yo a las magneto) y Richard y yo, nos quitábamos como podíamos la parafina; D, muy obediente ha comenzado a hacer aspavientos como si fuera fuego enfurecido. Lástima no haber tenido Periscope, porque de veras os digo que lo hubiera puesto a funcionar como que me llamo Sara.
N, ha echado de menos a P. "¿Dónde está P?" nos ha preguntado. "Salió al baño, dijo que venía ahora" comentó E; "Ésta se nos quema, adiós P, a ver quién me va a llamar Richard a mí ahora" dijo Richard. N, nos ordenó que fuéramos saliendo por la puerta de emergencias y nos encamináramos al kiosco, que hay a la vuelta, mientras ella iba a buscar a P. Si veis a D ir detrás, haciendo esos aspavientos que hacía, os digo que le proponéis entrar en el grupo de teatro de la universidad. Unos estábamos mancos y los otros cojos, pero la cura de risa que estábamos haciendo no lo paga ni un cheque en blanco.
A los dos minutos, cuando ya estábamos todos en el punto de encuentro (con el resto de personal que trabaja en la clínica), aparecieron P, N y D riendo a no poder más. Y es que a P la alerta de fuego la pilló en el WC, y se puso tan nerviosa que al salir se le cayó el bolso dentro del lavabo (que funciona por sensor) y el resto de la escena os la podéis imaginar, ¿no? Venían "el fuego", "la salvadora" y P juntos, dejando un reguero de agua a su paso (porque no veáis lo que era ese bolso piscinero) y cuando llegan a nosotros me pregunta A: "¿Qué le pasa a P en el pecho? Mira, tío, le falta una teta". "Se la habrá quemado D" le contesté y empezamos a reír las dos.
Cuando estábamos entrando al gimnasio de nuevo, vemos que D se agacha a coger una hombrera del suelo y nos pregunta a todos: "¿De quién ye ésto? a alguien se le cayó al salir" y P con ese salero que la caracteriza y con el bolso en la mano pingándole agua, suelta: "¡Mi teta, es mi teta! ¿No veis que soy plana? siempre llevo dos hombreras de relleno".
Así que, cómo no voy a tener aprecio a esta panda de tullidos, si gracias a ellos el dolor que me producen los masajes y los ejercicios se camuflan entre lágrimas de risa. El de hoy, ha ido por todos vosotros, compañeros.
viernes, 12 de mayo de 2017
miércoles, 10 de mayo de 2017
Sin que sirva de precedente, hablemos de odontología
Son varias las personas que me han dicho: "Sara, ¿por qué no escribes en tu blog algún consejo sobre odontología?" A lo que siempre he contestado: "No puedo, es un blog de sarasclepiadas, y con la odontología no se juega, ese es un tema serio, ¿cómo dar consejos en tono de humor?" Hoy, alguien a quien no conozco personalmente, pero aprecio muchísimo, me lo ha propuesto y, ¡aquí estoy! va por ti, a ver qué sale. Pero una y no más, ¿eh? Que este es mi patio de recreo para desconectar de los dientes.
- ¿Utilizáis palillos ("escarbadientes" o "mondadientes" que le llaman en mis pueblos)? Los palillos son Satanás hecho madera, no los uséis, por favor, ¡nunca! Como sustituto existen cepillos interproximales o interdentales, que van fenomenal para quitar los restos que quedan entre los dientes y, en cualquier farmacia, los encontráis de forma fácil.
- ¿Qué tener en casa, un cepillo manual o un cepillo eléctrico? Al gusto del consumidor. Yo, personalmente, prefiero los manuales. Un cepillo manual medio, si se utiliza con una técnica correcta es más que suficiente. Os desaconsejaría los blandos porque tienen unas cerdas tan suaves que apenas pueden arrastrar los restos y, los duros, por todo lo contrario. Además, para limpiar la lengua (porque doy por hecho que os limpiáis la lengua, ¿no?) el cepillo medio manual es el ideal. Debéis sacar la lengua todo lo que podáis, tensar el músculo para que no os provoque nauseas lo que vais a hacer y deslizar el cepillo desde detrás hacia delante (varias veces) presionando pero sin lastimaros. Si no lo hacíais, ¡hacedlo! cuando os den un beso (de los de verdad) os lo van a agradecer, ya veréis.
- ¿Qué pasta de dientes es la mejor? Al gusto del consumidor, siempre y cuando no sean blanqueadoras (si quieres blanquear tus dientes, visita al dentista y que sea él/ella, el que decida si debes o no debes llevar a cabo un tratamiento de este tipo, porque no siempre está indicado y luego vienen los problemas de sensibilidad y demás; y me estoy arriesgando a que se me tiren al cuello por decir ésto) y, siempre y cuando, el dentista no te haya diagnosticado algún tipo de patología que precise el uso de un dentífrico específico. La pasta de dientes, el único fin que tiene es hacer agradable el cepillado. Cualquier pasta con fluoruro te va a ir bien. ¡Ah! y no hagáis como en los anuncios que en tres veces se ventilan el tubo, con una cantidad de dentífrico igual a un guisante, es más que suficiente, no es necesario hacer la fiesta de la espuma.
- Debemos cepillarnos los dientes después de cada comida, al menos, tres veces al día. Pero no lo hagáis inmediatamente después de comer, esperad 10 o 15 minutos, más o menos, y en el supuesto de que por el motivo que sea hayáis vomitado (ya sé que no os va a gustar lo que voy a decir porque la sensación que queda es desagradable) esperad entre 20 y 30 minutos, para que el ácido de ese vómito no dañe el esmalte del diente. También entiendo que si comes algo entre horas no saques el cepillo, pero después de las tres comidas principales sí debemos hacerlo. Y la más importante es la de la noche. Nunca, nunca, nunca, debemos irnos a dormir sin cepillarnos los dientes antes ¿de acuerdo? ¡Nunca! Me da igual quién os esté esperando en la cama,no im-por-ta. Ahora repetid conmigo: "¡No, sin mis dientes limpios!"
- Tengo empastes de amalgama de plata, ¿debo quitármelos? No, ¿por qué? ¿Por qué vas a cambiarlos por otro material si no te han dado ningún problema y no están filtrados? Otra cosa diferente es que estén muy deteriorados, pero si no, ¿para qué tocarlos? Para que empecéis con sensibilidad en esa muela, que es lo que ocurre en alguna ocasión al realizar estos cambios.
- Los que tengáis niños cerca (que estén cambiando ahora los "dientes de leche" por los definitivos), no penséis que se os viene el mundo encima cuando veáis que los dos incisivos centrales de abajo le salen unos milímetros hacia atrás (hacia la lengua), tiene su lógica, ese diente ya va a estar en la boca toda la vida y el tamaño es más grande que el "de leche", no cabe ahí, de momento. Cuando se le hayan caído los cuatro incisivos ya se moverán hacia delante para ocupar su lugar. (Y con ésto, no quiero decir que en el futuro no vaya a haber un apiñamiento; pero que no se quedan en mitad de la boca, como he visto yo algunos cuando empiezan a salir, os lo garantizo).
- ¿A qué edad se debe empezar a cepillar los dientes un niño? E, ¿ir al dentista por primera vez? Mientras son bebés, los papis deben limpiarle la boca con una gasa para evitar que le salgan hongos y demás. Con el cepillo se debe comenzar cuando empiezan a aparecer los dientes (un cepillo especial para bebés y con cuidado ¡nunca con dentífrico!). A los tres años, es la edad ideal para hacer la primera visita al dentista y aquí ya puede cepillarse el niño solo y con un poco de pasta de dientes (siempre bajo la supervisión de los papis, claro)
- ¿Habéis visto a Julia Roberts en Pretty Woman? No sale de casa sin su hilo dental, ¡imitémosla! Pero sólo en ésto, ¿eh? Dios me libre de querer llevar a nadie por el camino de los lupanares. Utilizad la seda, hilo, cinta (no importa cuál) dental (siempre con cera porque si no se os deshilachará y la vais a preparar gorda jaja...) Si no sabéis hacerlo correctamente, decidle a vuestro dentista que os enseñe, seguro que lo hará encantado.
- Los piercing en la boca (ya sea en labios, lengua o frenillos) son otro instrumento del demonio. Rompen dientes, crean retracciones de encías, provocan úlceras, acumulan sarro y dan halitosis... Si tenéis alguno, fuera con él, de verdad, hacedme caso. En el futuro vuestra salud bucal os lo va a agradecer.
Y como dije al principio una y no más, porque a este patio de recreo se viene a reir, para ponernos con temas serios ya están las horas que paso metida en la clínica, de lunes a viernes.
Espero no haberos aburrido mucho, enseñaros algo nuevo y animaros a coger cita con vuestro dentista. Los que vivís en El Bierzo, me tenéis cerca, estaré encantada de haceros una revisión y explicaros cualquier duda que tengáis (pero en la clínica). Y, los que hagáis el Camino de Santiago, sabed que a su paso por Ponferrada pasáis por delante de mi clínica, Bergidum Dental, ¡entrad a decirme hola y os regalaré un bombón para que repongáis fuerza en la peregrinación! que siempre tengo chocolate para las visitas inesperadas.
- ¿Utilizáis palillos ("escarbadientes" o "mondadientes" que le llaman en mis pueblos)? Los palillos son Satanás hecho madera, no los uséis, por favor, ¡nunca! Como sustituto existen cepillos interproximales o interdentales, que van fenomenal para quitar los restos que quedan entre los dientes y, en cualquier farmacia, los encontráis de forma fácil.
- ¿Qué tener en casa, un cepillo manual o un cepillo eléctrico? Al gusto del consumidor. Yo, personalmente, prefiero los manuales. Un cepillo manual medio, si se utiliza con una técnica correcta es más que suficiente. Os desaconsejaría los blandos porque tienen unas cerdas tan suaves que apenas pueden arrastrar los restos y, los duros, por todo lo contrario. Además, para limpiar la lengua (porque doy por hecho que os limpiáis la lengua, ¿no?) el cepillo medio manual es el ideal. Debéis sacar la lengua todo lo que podáis, tensar el músculo para que no os provoque nauseas lo que vais a hacer y deslizar el cepillo desde detrás hacia delante (varias veces) presionando pero sin lastimaros. Si no lo hacíais, ¡hacedlo! cuando os den un beso (de los de verdad) os lo van a agradecer, ya veréis.
- ¿Qué pasta de dientes es la mejor? Al gusto del consumidor, siempre y cuando no sean blanqueadoras (si quieres blanquear tus dientes, visita al dentista y que sea él/ella, el que decida si debes o no debes llevar a cabo un tratamiento de este tipo, porque no siempre está indicado y luego vienen los problemas de sensibilidad y demás; y me estoy arriesgando a que se me tiren al cuello por decir ésto) y, siempre y cuando, el dentista no te haya diagnosticado algún tipo de patología que precise el uso de un dentífrico específico. La pasta de dientes, el único fin que tiene es hacer agradable el cepillado. Cualquier pasta con fluoruro te va a ir bien. ¡Ah! y no hagáis como en los anuncios que en tres veces se ventilan el tubo, con una cantidad de dentífrico igual a un guisante, es más que suficiente, no es necesario hacer la fiesta de la espuma.
- Debemos cepillarnos los dientes después de cada comida, al menos, tres veces al día. Pero no lo hagáis inmediatamente después de comer, esperad 10 o 15 minutos, más o menos, y en el supuesto de que por el motivo que sea hayáis vomitado (ya sé que no os va a gustar lo que voy a decir porque la sensación que queda es desagradable) esperad entre 20 y 30 minutos, para que el ácido de ese vómito no dañe el esmalte del diente. También entiendo que si comes algo entre horas no saques el cepillo, pero después de las tres comidas principales sí debemos hacerlo. Y la más importante es la de la noche. Nunca, nunca, nunca, debemos irnos a dormir sin cepillarnos los dientes antes ¿de acuerdo? ¡Nunca! Me da igual quién os esté esperando en la cama,no im-por-ta. Ahora repetid conmigo: "¡No, sin mis dientes limpios!"
- Tengo empastes de amalgama de plata, ¿debo quitármelos? No, ¿por qué? ¿Por qué vas a cambiarlos por otro material si no te han dado ningún problema y no están filtrados? Otra cosa diferente es que estén muy deteriorados, pero si no, ¿para qué tocarlos? Para que empecéis con sensibilidad en esa muela, que es lo que ocurre en alguna ocasión al realizar estos cambios.
- Los que tengáis niños cerca (que estén cambiando ahora los "dientes de leche" por los definitivos), no penséis que se os viene el mundo encima cuando veáis que los dos incisivos centrales de abajo le salen unos milímetros hacia atrás (hacia la lengua), tiene su lógica, ese diente ya va a estar en la boca toda la vida y el tamaño es más grande que el "de leche", no cabe ahí, de momento. Cuando se le hayan caído los cuatro incisivos ya se moverán hacia delante para ocupar su lugar. (Y con ésto, no quiero decir que en el futuro no vaya a haber un apiñamiento; pero que no se quedan en mitad de la boca, como he visto yo algunos cuando empiezan a salir, os lo garantizo).
- ¿A qué edad se debe empezar a cepillar los dientes un niño? E, ¿ir al dentista por primera vez? Mientras son bebés, los papis deben limpiarle la boca con una gasa para evitar que le salgan hongos y demás. Con el cepillo se debe comenzar cuando empiezan a aparecer los dientes (un cepillo especial para bebés y con cuidado ¡nunca con dentífrico!). A los tres años, es la edad ideal para hacer la primera visita al dentista y aquí ya puede cepillarse el niño solo y con un poco de pasta de dientes (siempre bajo la supervisión de los papis, claro)
- ¿Habéis visto a Julia Roberts en Pretty Woman? No sale de casa sin su hilo dental, ¡imitémosla! Pero sólo en ésto, ¿eh? Dios me libre de querer llevar a nadie por el camino de los lupanares. Utilizad la seda, hilo, cinta (no importa cuál) dental (siempre con cera porque si no se os deshilachará y la vais a preparar gorda jaja...) Si no sabéis hacerlo correctamente, decidle a vuestro dentista que os enseñe, seguro que lo hará encantado.
- Los piercing en la boca (ya sea en labios, lengua o frenillos) son otro instrumento del demonio. Rompen dientes, crean retracciones de encías, provocan úlceras, acumulan sarro y dan halitosis... Si tenéis alguno, fuera con él, de verdad, hacedme caso. En el futuro vuestra salud bucal os lo va a agradecer.
Y como dije al principio una y no más, porque a este patio de recreo se viene a reir, para ponernos con temas serios ya están las horas que paso metida en la clínica, de lunes a viernes.
Espero no haberos aburrido mucho, enseñaros algo nuevo y animaros a coger cita con vuestro dentista. Los que vivís en El Bierzo, me tenéis cerca, estaré encantada de haceros una revisión y explicaros cualquier duda que tengáis (pero en la clínica). Y, los que hagáis el Camino de Santiago, sabed que a su paso por Ponferrada pasáis por delante de mi clínica, Bergidum Dental, ¡entrad a decirme hola y os regalaré un bombón para que repongáis fuerza en la peregrinación! que siempre tengo chocolate para las visitas inesperadas.
sábado, 6 de mayo de 2017
Cuando crees que vives sola, pero no.
¿Vosotros sois de los que apagáis el piloto rojo de la televisión o lo dejáis encendido? (después de leer "piloto rojo" y "televisión" ya tenéis una idea más clara de mis conocimientos sobre tecnología). Pero no nos desviemos del tema que nos va a ocupar hoy. Yo, soy de las que apaga ese piloto (las pocas ocasiones en las que enciendo ese cachibache que ocupa media pared de mi salón), pero anoche debía estar tan inmersa en mi lectura de microcuentos que ni siquiera fui consciente de que había encendido la TV mientras cenaba, y se quedó luciendo.
Esta mañana, justo antes de salir de casa he colocado el mando de la TV en su lugar y, ¡a la calle paraguas en mano!
Cuando he vuelto al mediodía, he metido la llave en la cerradura, he abierto la puerta y, me he quedado paralizada porque alguien estaba hablando dentro. Durante 5 segundos mi cerebro ha ido a mil por hora diciéndome: "Tranquila, es el vecino, estarán las niñas que es fin de semana" "Joder (sí, ya sé que en este blog no se escriben palabras mal sonantes pero eso se lo explicáis a mi cerebro), que no, que es en casa" "¿Qué hago?" "Que hay gente en casa, ¡joder, joder, joder!". Y, ¿veis las películas cuando el protagonista oye ruido y tú desde el sofá dices: "Pero sal corriendo, hombre, que te van a matar"? pues yo, igual de lela que el actor de turno, pasillo adelante con el paraguas en la mano porque era mi arma de defensa. A mitad de camino, he reculado y he vuelto a la entrada para dejar la puerta de par en par por si tenía que salir corriendo (sí, ya sé que no es lo más inteligente pero es muy fácil opinar cuando se está de mero espectador). Luego, de puntillas y muy despacio me he ido acercando al fondo de la casa (sí, lo sé, es ridículo, lo sé pero... en serio...) hasta que justo antes de doblar a la izquierda para entrar en el salón me he dado cuenta de que era la TV la que emitía ese sonido.
Puede que sea por los nervios, por el miedo que acababa de pasar o porque estoy como una regadera, que me he sentado en una de las alfombras y me ha entrado un ataque de risa al mismo tiempo que por mi cara resbalaban unos lagrimones impresionantes, estos últimos, no sabría decir si por la risa o porque necesitaba liberar el estrés acumulado pero... ¡vaya tela conmigo! Estoy yo como para defender a nadie de una situación así. Cuando me he calmado, he apagado el aparato del demonio; y es que al dejar el mando en su lugar, he debido apretar un botón sin querer y, como tarda unos segundos en emitir señal, me he marchado de casa antes de poder darme cuenta de lo que acababa de hacer.
martes, 2 de mayo de 2017
Perdone, se le está cayendo el tanga.
Ayer estuve en el alto de O Cebreiro, uno de los lugares más maravillosos que tengo cerca de casa (no hay peregrino a Santiago, que no quede prendado del lugar y olvide las penurias de la subida que lo precede. Y hablo con conocimiento de causa que en su día fui peregrina, pero esta historia os la contaré en otro momento). Normalmente, huyo allí cuando quiero hablar con el protagonista de la carta que presenté al concurso literario (¿la recordáis? os la enseñé en una de las primeras entradas de este blog) y busco tranquilidad. Ayer, ese momento mágico fue interrumpido por un matrimonio para hacerme llorar de la risa.
Estaba en la orilla de un camino observando la estatua de un peregrino cuando vi venir por el sendero a una pareja de mediana edad. Según se acercaban, iba viendo cómo al hombre le asomaba una especie de puntilla color turquesa por la pernera del pantalón. Alguna virtud tendré, seguro, pero la discreción no es una de ellas, no. Cuando se encontraban a mi altura, me di cuenta de que era un tanga y que cada vez le caía más. ¿Qué creéis que hice entonces? lo normal, decírselo (a mí, me gustaría que me avisaran si se me fueran cayendo las bragas por ahí, que queréis que os diga). Me giré hacia ellos y tuvimos una conversación más o menos así:
- Perdone, creo que está perdiendo el tanga (Le dije con toda la seriedad y respeto que pude. Sí, sí, vosotros reid, pero me gustaría veros decirle eso a un hombre de unos cincuenta años largos, y con su mujer al lado, aguantando la risa).
- ¿Cómo dices? (Me contestó él)
- Ay Ricardo, que te está saliendo un tanga por la zapatilla.
Se agachó, tiró de él y, entonces, su mujer empezó a reir como una posesa. Exactamente, aproveché el momento para hacerle compañía y allí estábamos las dos, mano a mano, a carcajada limpia.
- Es mi tanga. No lo encontraba. Eché la ropa a lavar y se debió enredar entre tus pantalones jajajajajajajajaja... (dijo la señora). El caso es que planché el pantalón y, ¿cómo no lo vería? jajajajajajajajajaja...
- La madre que te parió, imagínate que esto me pasa en el bar (dijo Ricardo, que su nombre sí lo recuerdo).
Y así fue como este matrimonio, simpático donde los haya, me hizo llorar de la risa en uno de los lugares más hermosos para mí. Luego, siguieron su camino y la estatua del peregrino y yo nos quedamos un rato asimilando la aventura de la que acabábamos de ser testigos.
Estaba en la orilla de un camino observando la estatua de un peregrino cuando vi venir por el sendero a una pareja de mediana edad. Según se acercaban, iba viendo cómo al hombre le asomaba una especie de puntilla color turquesa por la pernera del pantalón. Alguna virtud tendré, seguro, pero la discreción no es una de ellas, no. Cuando se encontraban a mi altura, me di cuenta de que era un tanga y que cada vez le caía más. ¿Qué creéis que hice entonces? lo normal, decírselo (a mí, me gustaría que me avisaran si se me fueran cayendo las bragas por ahí, que queréis que os diga). Me giré hacia ellos y tuvimos una conversación más o menos así:
- Perdone, creo que está perdiendo el tanga (Le dije con toda la seriedad y respeto que pude. Sí, sí, vosotros reid, pero me gustaría veros decirle eso a un hombre de unos cincuenta años largos, y con su mujer al lado, aguantando la risa).
- ¿Cómo dices? (Me contestó él)
- Ay Ricardo, que te está saliendo un tanga por la zapatilla.
Se agachó, tiró de él y, entonces, su mujer empezó a reir como una posesa. Exactamente, aproveché el momento para hacerle compañía y allí estábamos las dos, mano a mano, a carcajada limpia.
- Es mi tanga. No lo encontraba. Eché la ropa a lavar y se debió enredar entre tus pantalones jajajajajajajajaja... (dijo la señora). El caso es que planché el pantalón y, ¿cómo no lo vería? jajajajajajajajajaja...
- La madre que te parió, imagínate que esto me pasa en el bar (dijo Ricardo, que su nombre sí lo recuerdo).
Y así fue como este matrimonio, simpático donde los haya, me hizo llorar de la risa en uno de los lugares más hermosos para mí. Luego, siguieron su camino y la estatua del peregrino y yo nos quedamos un rato asimilando la aventura de la que acabábamos de ser testigos.
jueves, 27 de abril de 2017
Tengo que tunear mi coche ya
¿Qué posibilidades hay de que un coche exactamente igual que el tuyo, con el mismo muñeco que el tuyo en la parte trasera (una gallina, sí, no preguntéis), esté aparcado justo detrás del tuyo? Decidme que muchas, por favor, si no pensaré que el que escribió el guión de mi vida se lo está pasando pipa viendo cómo se desarrolla su obra maestra.
Ya me he reincorporado al trabajo (aunque de momento sólo voy algunas horas) es por eso que he tenido el blog algo abandonado, pero prometo pasar por aquí al menos dos veces por semana. Esta tarde, cuando he salido de la clínica, me he dirigido hacia mi coche (hasta ahí todo normal), lo he desbloqueado desde una distancia de unos metros (o eso creía yo), he abierto la puerta trasera de detrás del conductor para dejar mi bolso (como siempre hago), la he cerrado y cuando he abierto la puerta delantera ¡había una chica sentada en el asiento del conductor!
Normalmente tengo 45 pulsaciones por minuto (sí, tampoco preguntéis, ¿qué queréis que haga? una que es tranquila jajaja), creo que en el instante que he abierto esa puerta se me han disparado a 236. Aunque la otra pobre tampoco se ha quedado atrás.
Le he preguntado a ver qué hacía en mi coche al tiempo que ella me preguntaba por qué puñetas había tirado algo dentro del suyo y la había abordado de ese modo. Entonces, he girado la cabeza y he visto mi coche justo delante del suyo. Quería desaparecer de la vergüenza que tenía. ¿Cómo disculparte en una situación así? ¿Cómo pedirle perdón por allanamiento de vehículo? ¿Cómo...? ¿Cómo...? ¿Cómo puedo ser tan sarasclepios? Al final, nos hemos reído de la casualidad que es coincidir en tantas cosas, me ha devuelto mi bolso y me he dirigido a mi coche.
¿Y sabéis lo que he hecho entonces? Estaba tan nerviosa que he abierto la puerta trasera, me he montado y me he preguntado: "¿Y el volante? ¡Me han robado el volante!". Medio segundo más tarde me ha entrado un ataque de risa y con la poca dignidad que me quedaba, me he bajado, he subido al asiento del conductor, he arrancado el coche y he pensado: "Si llegas a toparte con una borde ahora estabas sin dientes, así que alégrate de que todo haya quedado en una anécdota y en cuanto llegues a casa escribe el blog que lo tienes muy descuidado".
Ya me he reincorporado al trabajo (aunque de momento sólo voy algunas horas) es por eso que he tenido el blog algo abandonado, pero prometo pasar por aquí al menos dos veces por semana. Esta tarde, cuando he salido de la clínica, me he dirigido hacia mi coche (hasta ahí todo normal), lo he desbloqueado desde una distancia de unos metros (o eso creía yo), he abierto la puerta trasera de detrás del conductor para dejar mi bolso (como siempre hago), la he cerrado y cuando he abierto la puerta delantera ¡había una chica sentada en el asiento del conductor!
Normalmente tengo 45 pulsaciones por minuto (sí, tampoco preguntéis, ¿qué queréis que haga? una que es tranquila jajaja), creo que en el instante que he abierto esa puerta se me han disparado a 236. Aunque la otra pobre tampoco se ha quedado atrás.
Le he preguntado a ver qué hacía en mi coche al tiempo que ella me preguntaba por qué puñetas había tirado algo dentro del suyo y la había abordado de ese modo. Entonces, he girado la cabeza y he visto mi coche justo delante del suyo. Quería desaparecer de la vergüenza que tenía. ¿Cómo disculparte en una situación así? ¿Cómo pedirle perdón por allanamiento de vehículo? ¿Cómo...? ¿Cómo...? ¿Cómo puedo ser tan sarasclepios? Al final, nos hemos reído de la casualidad que es coincidir en tantas cosas, me ha devuelto mi bolso y me he dirigido a mi coche.
¿Y sabéis lo que he hecho entonces? Estaba tan nerviosa que he abierto la puerta trasera, me he montado y me he preguntado: "¿Y el volante? ¡Me han robado el volante!". Medio segundo más tarde me ha entrado un ataque de risa y con la poca dignidad que me quedaba, me he bajado, he subido al asiento del conductor, he arrancado el coche y he pensado: "Si llegas a toparte con una borde ahora estabas sin dientes, así que alégrate de que todo haya quedado en una anécdota y en cuanto llegues a casa escribe el blog que lo tienes muy descuidado".
domingo, 9 de abril de 2017
Buscando entre la basura
Ayer, me di cuenta de lo importante que es medir más de 1'57 metros (que es lo que mido yo), pues de no haber sido un retaquín de poco más de metro y medio, habría salido más "airosa" de la bochornosa situación que me tocó vivir, con espectadores ajenos que estaban tan ricamente disfrutando de sus refrescon en una terraza.
¿Vosotros recicláis? Yo, cuando me acuerdo, no voy a engañaros, ahora, si me pongo a ello me entrego tanto que reciclo hasta el metal. Ayer, por la tarde, bajé al contenedor del plástico una bolsa llena de deshechos que, ¡vaya asquete si eso vuelve a entrar en mi casa por mucho que lo traten! La cuestión es que vivo en una zona en la que hay un bar cada 50 metros y todos tienen terraza. No sé en el resto de España pero aquí, estos días, tenemos un tiempo maravilloso y, somos como los lagartos, a duras penas sale un rayo de sol nos tiramos todos de cabeza a las terrazas. Podéis imaginar cómo estaba el ambiente cervecero. Llegué al contenedor, lo abrí, tiré dentro la bolsa amarilla, se me enganchó una de las bolas metálicas de mi llavero en la cuerda del cierre ¡y para dentro que se fue todo!
La conversación que se inició inmediatamente entre mi cerebro y mi yo qué sé fue tal que así:
- ¡Ay la leche! ¿Y las llaves? No me digas que he tirado las llaves dentro.
- No, hombre.
- Sí, las he tirado. A ver... ¡Mira, están ahí!
- ¿Y ahora?
- No llego, ¿cómo voy a cogerlas? Encima esto está lleno de gente. No vendrá ningún tachenko a ayudarme, no, ¡mierda!
- Hala, no lo pienses y actúa. Si te apoyas en esa barra del contenedor del papel y te inclinas hacia dentro, puedes mover con cuidado la bolsa hacia ti y el llavero vendrá enganchado en el cierre, como está.
- Claro, se te olvida que soy doña patosa y voy a terminar con la cabeza "estampinada" en el suelo.
No tenía opciones, me lie la manta a la cabeza, me encomendé a todo el santoral y allá que me fui. Sólo pedía que nadie me mirara (pero no fue así). Se acercaron dos chicas, que al parecer habían estado viendo el show sarasclepiano, y cuando estaba intentando acercar la bolsa hacia mí, se ofrecieron a ayudarme sujetándome la tapa del contenedor.
Conseguí alcanzar mi llavero. Recuperar mis llaves. Dar mil veces las gracias a esas dos chicas encantadoras. Y rezar para que nadie me hubiera hecho una foto con su móvil...
¿Vosotros recicláis? Yo, cuando me acuerdo, no voy a engañaros, ahora, si me pongo a ello me entrego tanto que reciclo hasta el metal. Ayer, por la tarde, bajé al contenedor del plástico una bolsa llena de deshechos que, ¡vaya asquete si eso vuelve a entrar en mi casa por mucho que lo traten! La cuestión es que vivo en una zona en la que hay un bar cada 50 metros y todos tienen terraza. No sé en el resto de España pero aquí, estos días, tenemos un tiempo maravilloso y, somos como los lagartos, a duras penas sale un rayo de sol nos tiramos todos de cabeza a las terrazas. Podéis imaginar cómo estaba el ambiente cervecero. Llegué al contenedor, lo abrí, tiré dentro la bolsa amarilla, se me enganchó una de las bolas metálicas de mi llavero en la cuerda del cierre ¡y para dentro que se fue todo!
La conversación que se inició inmediatamente entre mi cerebro y mi yo qué sé fue tal que así:
- ¡Ay la leche! ¿Y las llaves? No me digas que he tirado las llaves dentro.
- No, hombre.
- Sí, las he tirado. A ver... ¡Mira, están ahí!
- ¿Y ahora?
- No llego, ¿cómo voy a cogerlas? Encima esto está lleno de gente. No vendrá ningún tachenko a ayudarme, no, ¡mierda!
- Hala, no lo pienses y actúa. Si te apoyas en esa barra del contenedor del papel y te inclinas hacia dentro, puedes mover con cuidado la bolsa hacia ti y el llavero vendrá enganchado en el cierre, como está.
- Claro, se te olvida que soy doña patosa y voy a terminar con la cabeza "estampinada" en el suelo.
No tenía opciones, me lie la manta a la cabeza, me encomendé a todo el santoral y allá que me fui. Sólo pedía que nadie me mirara (pero no fue así). Se acercaron dos chicas, que al parecer habían estado viendo el show sarasclepiano, y cuando estaba intentando acercar la bolsa hacia mí, se ofrecieron a ayudarme sujetándome la tapa del contenedor.
Conseguí alcanzar mi llavero. Recuperar mis llaves. Dar mil veces las gracias a esas dos chicas encantadoras. Y rezar para que nadie me hubiera hecho una foto con su móvil...
martes, 4 de abril de 2017
La primera vez que pasé la ITV al coche
Se aproxima el día en que debo pasar la ITV a mi coche, estaba convencida de que entre ponte bien y estate quieta me libraría del bochorno que me produce ese trámite, ¡pero no! Si ya puedo conducir, ¿a quién le voy a encalomar el muerto de ir a pasármela con la excusa de mi muñeca semioperativa? Exacto, a nadie. No me voy a librar. Y es que en dos segundos os relato mi primera vez pasándola, cuando... bueno, ahora os lo cuento, un desastre; pero antes, permitidme que os comente que me gusta mucho conducir, que no lo hago mal y que es lo que más he echado de menos durante estos 3 meses.
Debemos retroceder unos cuantos años para esta historia. Llegué a la nave de la ITV, y al entrar en la oficina me tropecé y caí en plancha, ¡genial, la cosa prometía! Me levanté toda digna y lo que viniera detrás no importaba, a peor ya no iba a ir, seguro. Pobre ilusa. Le dije a la chica que era la primera vez y desconocía el procedimiento. Muy amable me indicó dónde debía colocar el coche y que ya me irían diciendo los chicos lo que tenía que hacer. Allá que fui yo con mi ventanilla bajada, ahora, os voy a explicar por partes la que formé.
Primera parte, en la que te miran el motor y eso, creo.
Todo fenomenal hasta que me dijeron:
- Abre (la parte de delante del coche, la tapa del motor y eso, ¿cómo se llama? ¿capot delantero? Bueno, pues eso, vamos a llamarle tapa de delante) la tapa de delante.
- (Medio minuto más tarde) No encuentro la palanca (risa nerviosa y de idiota). Ay, espera, está aquí. ¿Ya?
- Sí, dale.
- Ya está. Ya te la he abierto.
- No, déjame ver a mí.
Cuando el muchacho se acercó, abrí la puerta del conductor para salir del coche y, no me preguntéis cómo, le incrusté el espejo en el diafragma. No sabía de qué modo disculparme.
- No pasa nada, déjame mirar. Ya está, sube al coche otra vez.
Revisó lo que faltaba y me dijo que continuara.
Segunda parte, en la que te miran los intermitentes, limpias, seguros, frenos y eso, creo.
Todo fenomenal, también, hasta que me dijeron que le diera a subir y bajar, a las ventanillas, y (aquí no fue culpa mía) el chico no quitó uno de los dedos. Claro, se lo pillé, a Dios gracias que anduve rápida de reflejos e inmediatamente solté.
Y yo pensaba al tiempo que me disculpaba, también, aunque esta vez sin sentimiento de culpabilidad ninguno: "Alma cándida, me he caído en la oficina y le he dejado a tu compañero el dibujo de mi espejo tatuado en el abdomen, ¿cómo no te pones a una distancia prudencial, de mí, cuando me ordenas subir y bajar las ventanillas? Menos mal que las puertas las abriste y cerraste tú".
Revisó lo que faltaba y me dijo que continuara.
Tercera parte, en la que te dicen que coloques el coche en un sitio que parece que caes al vacío y, para darle emoción a la cosa, te mandan quedarte dentro sin avisarte de que van a bailar una samba con la plataforma sobre la que estás tú.
Aquello se empezó a mover tal terremoto de los sufridos en Chile, y desde sabe Dios dónde escuchaba una voz diciéndome:
- Aprieta el acelerador... Noooo, el acelerador... Suelta... Aprieta el embrague... Suelta... Acelera... Para, para, paraaaa... (o el freno, yo qué sé)
De repente, dejé de escuchar la voz que gritaba (desde, yo diría el subsuelo ), nadie me decía por dónde tenía que continuar y, después de 2 minutos y cuando el de detrás me pitó, metí primera y salí de allí pensando: "Ay la Virgen, que a este que gritaba tanto en uno de esos "para, para, paraaaa..." lo he matado".
Me encaminé a la oficina, de nuevo, y respiré tranquila al escuchar esa voz inconfundible que me había estado gritando 5 minutos antes. No lo había fulminado. Me dieron los papeles, la pegatina y me marché.
Desde entonces, cada año, cuando me ven llegar los dos chicos a los que "lesioné" se rien y me dicen " ¿Y este año dónde me vas a pegar? jajaja". Son gente maja pero me hacen pasar vergüenza cuando me recuerdan aquello. Y a la chica de la oficina no se le ha olvidado mi entrada triunfal, no.
Debemos retroceder unos cuantos años para esta historia. Llegué a la nave de la ITV, y al entrar en la oficina me tropecé y caí en plancha, ¡genial, la cosa prometía! Me levanté toda digna y lo que viniera detrás no importaba, a peor ya no iba a ir, seguro. Pobre ilusa. Le dije a la chica que era la primera vez y desconocía el procedimiento. Muy amable me indicó dónde debía colocar el coche y que ya me irían diciendo los chicos lo que tenía que hacer. Allá que fui yo con mi ventanilla bajada, ahora, os voy a explicar por partes la que formé.
Primera parte, en la que te miran el motor y eso, creo.
Todo fenomenal hasta que me dijeron:
- Abre (la parte de delante del coche, la tapa del motor y eso, ¿cómo se llama? ¿capot delantero? Bueno, pues eso, vamos a llamarle tapa de delante) la tapa de delante.
- (Medio minuto más tarde) No encuentro la palanca (risa nerviosa y de idiota). Ay, espera, está aquí. ¿Ya?
- Sí, dale.
- Ya está. Ya te la he abierto.
- No, déjame ver a mí.
Cuando el muchacho se acercó, abrí la puerta del conductor para salir del coche y, no me preguntéis cómo, le incrusté el espejo en el diafragma. No sabía de qué modo disculparme.
- No pasa nada, déjame mirar. Ya está, sube al coche otra vez.
Revisó lo que faltaba y me dijo que continuara.
Segunda parte, en la que te miran los intermitentes, limpias, seguros, frenos y eso, creo.
Todo fenomenal, también, hasta que me dijeron que le diera a subir y bajar, a las ventanillas, y (aquí no fue culpa mía) el chico no quitó uno de los dedos. Claro, se lo pillé, a Dios gracias que anduve rápida de reflejos e inmediatamente solté.
Y yo pensaba al tiempo que me disculpaba, también, aunque esta vez sin sentimiento de culpabilidad ninguno: "Alma cándida, me he caído en la oficina y le he dejado a tu compañero el dibujo de mi espejo tatuado en el abdomen, ¿cómo no te pones a una distancia prudencial, de mí, cuando me ordenas subir y bajar las ventanillas? Menos mal que las puertas las abriste y cerraste tú".
Revisó lo que faltaba y me dijo que continuara.
Tercera parte, en la que te dicen que coloques el coche en un sitio que parece que caes al vacío y, para darle emoción a la cosa, te mandan quedarte dentro sin avisarte de que van a bailar una samba con la plataforma sobre la que estás tú.
Aquello se empezó a mover tal terremoto de los sufridos en Chile, y desde sabe Dios dónde escuchaba una voz diciéndome:
- Aprieta el acelerador... Noooo, el acelerador... Suelta... Aprieta el embrague... Suelta... Acelera... Para, para, paraaaa... (o el freno, yo qué sé)
De repente, dejé de escuchar la voz que gritaba (desde, yo diría el subsuelo ), nadie me decía por dónde tenía que continuar y, después de 2 minutos y cuando el de detrás me pitó, metí primera y salí de allí pensando: "Ay la Virgen, que a este que gritaba tanto en uno de esos "para, para, paraaaa..." lo he matado".
Me encaminé a la oficina, de nuevo, y respiré tranquila al escuchar esa voz inconfundible que me había estado gritando 5 minutos antes. No lo había fulminado. Me dieron los papeles, la pegatina y me marché.
Desde entonces, cada año, cuando me ven llegar los dos chicos a los que "lesioné" se rien y me dicen " ¿Y este año dónde me vas a pegar? jajaja". Son gente maja pero me hacen pasar vergüenza cuando me recuerdan aquello. Y a la chica de la oficina no se le ha olvidado mi entrada triunfal, no.
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