Nunca os he hablado de mis clases de pilates en el blog, ¿verdad?. Lo cierto es que me lo paso bomba porque, además de fortalecer músculos que ni siquiera sabía que tenía, me río mucho.
Al principio era un desastre, si respiraba no contraía, y si contraía no movía los brazos, y si..., y si... Ahora, sigo siendo un desastre pero cuando me lo tomo en serio y me concentro en lo que tengo que estar, la cosa ya me sale bastante mejor, y no lo hago mal del todo, creo jajaja...
Sandra, mi profe (la mejor en ésto, y no es que lo diga yo, es que lo dicen hasta profesores de pilates, y de yoga, de otros centros o sea que... ¡os podéis imaginar lo que vale la tía! Joseph Hubertus Pilates estaría muy orgulloso de ella) se pasa la mitad de la clase diciéndome: "A ver, Sara, ¿de qué te estás acordando con esta postura que ya te empiezas a reír?". Y es que... telita con las posturitas jajaja.
La cuestión es que hoy, nos ha enseñado a jugar al ping-pong. Y ahora, chicas, os voy a enseñar a jugar a vosotras porque dice que es muy bueno para fortalecer el suelo pélvico, para evitar incontinencias urinarias cuando seamos maduritas y para tener relaciones sexuales más placenteras (quien las tenga, ¡claro!, porque a mí como no me cambie un poco la suerte, de poco me va a servir en ese aspecto jajajajajaja...).
Mirad:
- El ping es el músculo de la vagina.
- El pong es el músculo del ano.
Y no vale contraer los glúteos, eso es trampa, no vale, no, no, no.
Se trata de que cuando vayamos caminando por la calle, en vez de pensar en todas las cosas que tenemos que hacer y que nos estresan, ir diciendo: "Venga, voy a concentrarme y a fortalecer el suelo pélvico jugando al ping-pong, todo sea por el polvo de mi vida jajaja" (a veces se me olvida que este blog lo leen mis padres). E ir diciendo, (mentalmente, no os paséis), también: "Ping, pong, pong, pong, ping, ping, ping, pong, ping, pong, ping, ping, pong... etc" e ir contrayendo uno u otro músculo según si pensáis en la i o en la o.
Si sois capaces de hacerlo bien, dice Sandra que a partir de ahora vais a ser más felices, y yo la creo. Y también dice que si entre el ping y el pong, de vez en cuando sois tan valientes de meter un pung (que es la contracción de la uretra) ya seréis requetefelices jajaja...
¿Qué me decís? ¿Empezamos a jugar a partir de mañana? Hacerlo no sé si lo haremos bien porque os aviso, desde ya, que es complicado contraer uno mientras el otro está relajado pero... unas risas nos podemos echar mientras vamos solas por la calle y ¡¡¡REÍR SIEMPRE ES SALUDABLE!!!
lunes, 5 de marzo de 2018
sábado, 3 de febrero de 2018
Antes de que te vayas... 😘
Esta semana dabas por finalizada una conversación de whatsapp diciendo: "No tengo fuerza para más. Gracias Sara 😘".
Siempre estás de broma. ¿Por qué habría de creerte, ahora, cuando parece que todo en tus comentarios suena a despedida?
Te leí (una y otra vez) y el primer impulso fue la negación, pensar que estabas haciendo uso de tu humor negro para ganarle una nueva batalla a esta puta enfermedad que es el cáncer (ya sé que en este blog no se escriben palabrotas, pero hoy no me importa escribir PUTA enfermedad).
Luego, reaccioné y acepté que estabas hablando en serio, que era una despedida, que era tu forma de decir adiós. No quiero molestarte, por lo tanto, no te iré a ver a ese hospital ni te haré gastar fuerzas leyendo whatsapp, aquellos que intercambiamos por última vez esta semana serán nuestra despedida definitiva.
¡Tengo tanto que agradecerte! ¡He pasado tantas horas disfrutando de lecturas gracias a ti! Tú, me descubriste el mundo de los microrrelatos y los cuentos cortos (Ángel Olgoso, Eloy Tizón...).
Jamás voy a olvidar aquella mañana de domingo, cuando desayunando en el jardín de la casa de mi abuela, un tal Fermín López Costero (entonces, hace ya muchos años, todavía no sabía quién eras) me estaba haciendo derramar lágrimas al emocionarme mientras leía uno de sus microrrelatos impreso en aquella página del diario.
Tiré del hilo y, pocos meses después, tenía el placer de conocerte personalmente, manteniendo ya el contacto hasta hoy. Ahora, tranquilo, preparas tu viaje sin retorno; pues bien, antes de irte tengo la necesidad de decir que una parte de ti se va a quedar aquí conmigo, en mi corazón para siempre.
¡Gracias por tanto, Fermín!
Siempre estás de broma. ¿Por qué habría de creerte, ahora, cuando parece que todo en tus comentarios suena a despedida?
Te leí (una y otra vez) y el primer impulso fue la negación, pensar que estabas haciendo uso de tu humor negro para ganarle una nueva batalla a esta puta enfermedad que es el cáncer (ya sé que en este blog no se escriben palabrotas, pero hoy no me importa escribir PUTA enfermedad).
Luego, reaccioné y acepté que estabas hablando en serio, que era una despedida, que era tu forma de decir adiós. No quiero molestarte, por lo tanto, no te iré a ver a ese hospital ni te haré gastar fuerzas leyendo whatsapp, aquellos que intercambiamos por última vez esta semana serán nuestra despedida definitiva.
¡Tengo tanto que agradecerte! ¡He pasado tantas horas disfrutando de lecturas gracias a ti! Tú, me descubriste el mundo de los microrrelatos y los cuentos cortos (Ángel Olgoso, Eloy Tizón...).
Jamás voy a olvidar aquella mañana de domingo, cuando desayunando en el jardín de la casa de mi abuela, un tal Fermín López Costero (entonces, hace ya muchos años, todavía no sabía quién eras) me estaba haciendo derramar lágrimas al emocionarme mientras leía uno de sus microrrelatos impreso en aquella página del diario.
Tiré del hilo y, pocos meses después, tenía el placer de conocerte personalmente, manteniendo ya el contacto hasta hoy. Ahora, tranquilo, preparas tu viaje sin retorno; pues bien, antes de irte tengo la necesidad de decir que una parte de ti se va a quedar aquí conmigo, en mi corazón para siempre.
¡Gracias por tanto, Fermín!
viernes, 12 de enero de 2018
Follar, joder, fornicar...
Follar, mirad que es fea la palabra para lo bonito que es el significado de la misma cuando se hace con amor de verdad. Pero claro, si no quieres decirla, ¿por cuál la sustituyes? Hacer el amor (muy cursi), joder (muy soez), fornicar (¡mirad! ésta es graciosa pero vulgar), chingar (no, por favor)...
Antes de ayer, mientras conducía (este dato es irrelevante pero lo escribo porque el blog es mío y me apetece), escuchaba en la radio una entrevista de Carles Francino a Lorena Berdún. Me hicieron recordar un ataque sexual, por parte de unas algas, que tuve el verano pasado en la playa y que todavía no os había contado.
El Mediterráneo suele ser un mar muy tranquilo, suele. Aquel día, las olas eran unas señoras olas y yo, con mi metro cincuenta y siete, las iba saltando o buceando como bien podía. A mi lado, un padre de familia con dos niños pequeños (me pregunto si ya se les habrá pasado el trauma y cuántos años de purgatorio me van a caer a mí por crearselo).
Estaba yo a lo mío cuando, de repente, me vi dando vueltas por encima, debajo, a través... (¡yo qué sé por dónde!) de una ola gigante. Cuando pasó, me sentí un poquito ligerita de ropa ¡y es que estaba en pelotas! La parte de arriba del bikini, al lado de uno de los niños, la parte de abajo sujeta sólo por una de las piernas y a la altura de los tobillos. ¡Hala, dale alegría a tu cuerpo Macarena! Me coloqué la braga como pude y me acerqué con mis preciosos pechos hasta el niño para coger el sujetador. "Menuda ola grande, ¿eh?" le dije a los tres mientras me daba ya la vuelta y pedía a medio santoral que aquellas criaturas no hubieran tenido que ver más de lo estrictamente necesario jajaja... Sentía algo raro en la entrepierna (¿véis? otra palabra feota, ¡vulva!, aunque bastante más bonita que coño, chocho, potorro, pechina, chichi o figa, así es como yo le llamo) y salí del agua para cambiarme el bañador. Descubrí, entonces, que había sido "follada", literalmente, por un batallón de algas. ¡Qué asco! a saber dónde... no, jolines, ¡qué asco! Me pregunto, ahora, si el que inventó la expresión "que te folle un pez" no habrá pasado por alguna situación parecida a la mía pero, por lo que se ve, más traumática el/la pobre.
Y ésta fue la última vez que me... bueno, pues eso, que me... eso. Porque amor no hubo, os lo aseguro, enterarme no me enteré hasta bien pasado todo, y las palabras son tan feas que le llamaremos "eso".
Antes de ayer, mientras conducía (este dato es irrelevante pero lo escribo porque el blog es mío y me apetece), escuchaba en la radio una entrevista de Carles Francino a Lorena Berdún. Me hicieron recordar un ataque sexual, por parte de unas algas, que tuve el verano pasado en la playa y que todavía no os había contado.
El Mediterráneo suele ser un mar muy tranquilo, suele. Aquel día, las olas eran unas señoras olas y yo, con mi metro cincuenta y siete, las iba saltando o buceando como bien podía. A mi lado, un padre de familia con dos niños pequeños (me pregunto si ya se les habrá pasado el trauma y cuántos años de purgatorio me van a caer a mí por crearselo).
Estaba yo a lo mío cuando, de repente, me vi dando vueltas por encima, debajo, a través... (¡yo qué sé por dónde!) de una ola gigante. Cuando pasó, me sentí un poquito ligerita de ropa ¡y es que estaba en pelotas! La parte de arriba del bikini, al lado de uno de los niños, la parte de abajo sujeta sólo por una de las piernas y a la altura de los tobillos. ¡Hala, dale alegría a tu cuerpo Macarena! Me coloqué la braga como pude y me acerqué con mis preciosos pechos hasta el niño para coger el sujetador. "Menuda ola grande, ¿eh?" le dije a los tres mientras me daba ya la vuelta y pedía a medio santoral que aquellas criaturas no hubieran tenido que ver más de lo estrictamente necesario jajaja... Sentía algo raro en la entrepierna (¿véis? otra palabra feota, ¡vulva!, aunque bastante más bonita que coño, chocho, potorro, pechina, chichi o figa, así es como yo le llamo) y salí del agua para cambiarme el bañador. Descubrí, entonces, que había sido "follada", literalmente, por un batallón de algas. ¡Qué asco! a saber dónde... no, jolines, ¡qué asco! Me pregunto, ahora, si el que inventó la expresión "que te folle un pez" no habrá pasado por alguna situación parecida a la mía pero, por lo que se ve, más traumática el/la pobre.
Y ésta fue la última vez que me... bueno, pues eso, que me... eso. Porque amor no hubo, os lo aseguro, enterarme no me enteré hasta bien pasado todo, y las palabras son tan feas que le llamaremos "eso".
domingo, 31 de diciembre de 2017
Alzad vuestras copas
Brindo con vosotros por las risas compartidas hasta ahora en este blog y por todas las carcajadas que nos quedan pendientes para el 2018. ¡Sed felices!
sábado, 16 de diciembre de 2017
¡Fuera!
Y después de un año (bueno, un año hizo en julio, cuando empezaron las reacciones en cadena) parece que vuelvo a ser yo, ¡por fin!
Lo mejor, que la que está resurgiendo es una versión mejorada de mí, la misma en esencia, pero habiendo descubierto muchas aplicaciones que nunca antes había utilizado porque no sabía que las tenía descargadas en mi dispositivo (llamémosle alma, a ese dispositivo).
Lo peor (para alguno de vosotros, que no para mí) voy a comenzar a hacer uso de esas aplicaciones, cuando me apetezca y con quien crea que lo merece, sin ningún tipo de remordimiento, oye.
¿Qué implica ésto? que los que sigáis ahí seréis los que verdaderamente merezcáis la pena y por los que continuaré entregándome al 100% siempre que acudáis a mí; y los que os alejéis, supongo que es un modo de demostrarme que aquí la única que aportaba algo era yo, vosotros, probablemente solo que con cada disgusto me saliera una cana nueva (no os voy a decir que ha sido tiempo perdido el haberos tenido en mi vida, bueno, ¡qué puñetas! ¡claro que ha sido tiempo malgastado pero bienvenida esa aplicación que me ayuda a detectaros!).
El que me diga (intentando sacar provecho de lo que esa frase implicaba hasta ahora):
- "Es que eres tan buena, nunca te enfadas". ¡Fuera! Antes, lloraba a solas. Ahora, tengo una aplicación que me permite cabrearme y disparar.
- "Es tan fácil convivir contigo, todo te parece bien". ¡Fuera! Antes, pensaba en el resto de la humanidad y, luego si acaso (que prácticamente nunca lo hacía), ya pensaba en lo que yo verdaderamente quería. Ahora, tengo una aplicación que me permite pensar en mí, escuchando las necesidades de los demás y valorándolas pero exponiendo las mías para que se tengan en cuenta también.
- "No puedo" (désele la interpretación correcta a este "puedo", es decir, no me da la gana), "no voy a ir" (avisando 5, 10 o 15 minutos antes de haber quedado. Cuando avisan, que esa es otra). ¡Fuera! Antes, lloraba de rábia y me repetía lo imbécil que era. Ahora, tengo una aplicación que me permite aceptar este tipo de desprecios maleducados sólo una vez. Esta aplicación tiene un detector para saber cuándo se trata de una excusa o un verdadero problema (y al ser chica, funciona con una fiabilidad del 400%).
Los que no me pregunten a ver qué tal, sabiendo que me ha pasado algo importante (ya sea bueno o malo); los que no me acompañen en momentos duros de mi vida (que los habrá) y no digo acompañar físicamente, también es compañía hacerte sentir cerca con una llamada, un mensaje o un envío postal; los que me hagan promesas (aún sabiendo que no tienen la más mínima intención de cumplir); los que no me llamen para tomar un café, salir a hacer algo, o lo que sea, por el simple hecho de pasar un rato juntos, sin otro motivo que verme porque quieren compartir parte de su tiempo conmigo; los que no devuelvan mis llamadas, contesten mis whatsapp (y no digo que tenga que ser de modo inmediato, porque yo tampoco lo hago, pero si alguien te pregunta, se contesta. Esto es una cuestión de educación)... a todos esos ¡FUERA! No os quiero en mi vida.
Lo mejor, que la que está resurgiendo es una versión mejorada de mí, la misma en esencia, pero habiendo descubierto muchas aplicaciones que nunca antes había utilizado porque no sabía que las tenía descargadas en mi dispositivo (llamémosle alma, a ese dispositivo).
Lo peor (para alguno de vosotros, que no para mí) voy a comenzar a hacer uso de esas aplicaciones, cuando me apetezca y con quien crea que lo merece, sin ningún tipo de remordimiento, oye.
¿Qué implica ésto? que los que sigáis ahí seréis los que verdaderamente merezcáis la pena y por los que continuaré entregándome al 100% siempre que acudáis a mí; y los que os alejéis, supongo que es un modo de demostrarme que aquí la única que aportaba algo era yo, vosotros, probablemente solo que con cada disgusto me saliera una cana nueva (no os voy a decir que ha sido tiempo perdido el haberos tenido en mi vida, bueno, ¡qué puñetas! ¡claro que ha sido tiempo malgastado pero bienvenida esa aplicación que me ayuda a detectaros!).
El que me diga (intentando sacar provecho de lo que esa frase implicaba hasta ahora):
- "Es que eres tan buena, nunca te enfadas". ¡Fuera! Antes, lloraba a solas. Ahora, tengo una aplicación que me permite cabrearme y disparar.
- "Es tan fácil convivir contigo, todo te parece bien". ¡Fuera! Antes, pensaba en el resto de la humanidad y, luego si acaso (que prácticamente nunca lo hacía), ya pensaba en lo que yo verdaderamente quería. Ahora, tengo una aplicación que me permite pensar en mí, escuchando las necesidades de los demás y valorándolas pero exponiendo las mías para que se tengan en cuenta también.
- "No puedo" (désele la interpretación correcta a este "puedo", es decir, no me da la gana), "no voy a ir" (avisando 5, 10 o 15 minutos antes de haber quedado. Cuando avisan, que esa es otra). ¡Fuera! Antes, lloraba de rábia y me repetía lo imbécil que era. Ahora, tengo una aplicación que me permite aceptar este tipo de desprecios maleducados sólo una vez. Esta aplicación tiene un detector para saber cuándo se trata de una excusa o un verdadero problema (y al ser chica, funciona con una fiabilidad del 400%).
Los que no me pregunten a ver qué tal, sabiendo que me ha pasado algo importante (ya sea bueno o malo); los que no me acompañen en momentos duros de mi vida (que los habrá) y no digo acompañar físicamente, también es compañía hacerte sentir cerca con una llamada, un mensaje o un envío postal; los que me hagan promesas (aún sabiendo que no tienen la más mínima intención de cumplir); los que no me llamen para tomar un café, salir a hacer algo, o lo que sea, por el simple hecho de pasar un rato juntos, sin otro motivo que verme porque quieren compartir parte de su tiempo conmigo; los que no devuelvan mis llamadas, contesten mis whatsapp (y no digo que tenga que ser de modo inmediato, porque yo tampoco lo hago, pero si alguien te pregunta, se contesta. Esto es una cuestión de educación)... a todos esos ¡FUERA! No os quiero en mi vida.
miércoles, 29 de noviembre de 2017
Te vas, al final, te vas
Te escribiría mil palabras para decirte lo que significa nuestra amistad, pero no quiero llorar, ya lloraré mañana al despedirme de ti. Lo voy a resumir en un recuerdo.
Vayamos al 17 de abril del año 2013, uno de los días más tristes de mi vida y en los que más lágrimas derramé. ¿Recuerdas el abrazo que te dí en aquel cementerio y lo que mi boca pronunció con un sentimiento como en pocas ocasiones he expresado a nadie (por no decir como nunca jamás he expresado a nadie ajeno a mi sangre)? Bien, pues ese sentimiento es lo que significa nuestra amistad para mí.
¡Y que se mueran de envidia, amiga!
martes, 21 de noviembre de 2017
Banda sonora para un año diferente
Si tuviera que ponerle una banda sonora a este año 2017, sin dudarlo ni un minuto, sería esta canción de Rozalén.
"Sabes, hace tiempo que no hablamos
Tengo tanto que contarte
Ha pasado algo importante
Puse el contador a cero.
Sabes, fue como una ola gigante
Arrasó con todo y me dejó desnuda frente al mar.
Pero sabes, sé bien que es vivir
No hay tiempo odiar a nadie
Ahora sé reír.
Quizá tenía que pasar
No es justo, pero solo así se aprende a valorar.
Y si me levanto y miro al cielo
Doy las gracias y mi tiempo lo dedico a quien yo quiero
Lo que no me aporte lejos
Si alguien detiene mis pies
Aprendería a volar.
Y si miro a todo como niños
Los colores son intensos
Yo saldré de aquí si lo creo así
Cuando me miren sabrán que me toca ser feliz.
Sabes, he pasado mucho miedo
Se me parte el alma y a llorar.
Pero sabes, he aprendido tanto, tanto
Esta vida me ofreció una nueva oportunidad.
Pero sabes, sé bien que es vivir
No hay tiempo odiar a nadie
Ahora sé reír.
Quizá tenía que pasar
No es justo, pero solo así se aprende a valorar.
Y si me levanto y miro al cielo
Doy las gracias y mi tiempo lo dedico a quien yo quiero
Lo que no me aporte lejos
Si alguien detiene mis pies
Aprendería a volar.
Y si miro a todo como niños
Los colores son intensos
Yo saldré de aquí si lo creo así
Cuando me miren sabrán que me toca ser feliz
Me toca ser feliz
Ahora soy feliz
Porque sé bien que es vivir
Ahora sí que sí."
"Sabes, hace tiempo que no hablamos
Tengo tanto que contarte
Ha pasado algo importante
Puse el contador a cero.
Sabes, fue como una ola gigante
Arrasó con todo y me dejó desnuda frente al mar.
Pero sabes, sé bien que es vivir
No hay tiempo odiar a nadie
Ahora sé reír.
Quizá tenía que pasar
No es justo, pero solo así se aprende a valorar.
Y si me levanto y miro al cielo
Doy las gracias y mi tiempo lo dedico a quien yo quiero
Lo que no me aporte lejos
Si alguien detiene mis pies
Aprendería a volar.
Y si miro a todo como niños
Los colores son intensos
Yo saldré de aquí si lo creo así
Cuando me miren sabrán que me toca ser feliz.
Sabes, he pasado mucho miedo
Se me parte el alma y a llorar.
Pero sabes, he aprendido tanto, tanto
Esta vida me ofreció una nueva oportunidad.
Pero sabes, sé bien que es vivir
No hay tiempo odiar a nadie
Ahora sé reír.
Quizá tenía que pasar
No es justo, pero solo así se aprende a valorar.
Y si me levanto y miro al cielo
Doy las gracias y mi tiempo lo dedico a quien yo quiero
Lo que no me aporte lejos
Si alguien detiene mis pies
Aprendería a volar.
Y si miro a todo como niños
Los colores son intensos
Yo saldré de aquí si lo creo así
Cuando me miren sabrán que me toca ser feliz
Me toca ser feliz
Ahora soy feliz
Porque sé bien que es vivir
Ahora sí que sí."
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